Y Llegó Nuestra Segunda Aventura: Priorat

El segundo viaje oficial no hacía más que confirmar que esto ya no es un sueño… ¡es una realidad! 

La situación en la que nos encontramos con el tema covid-19 no lo ha puesto nada fácil, pues muchos productores están evitando visitas por protocolo y prefirieron no arriesgarse, algunos nos cancelaron la visita a última hora y muchos otros ni siquiera contestaron nuestras llamadas o correos… además, la escapada coincidió con las vacaciones pre-vendimia antes de la dura temporada de cosecha. Vamos, que mucho a nuestro favor no teníamos. 

Incluso así, este segundo viaje fue espectacular. De nuevo, esos nervios por tener tanto por descubrir y la emoción de hacer lo que realmente nos apasiona. Playlist lista y... arrancamos hacia el Priorat. 

¿Cómo empezamos? Os pareceremos exagerados, pero creednos; no lo somos. El Priorat es una de las zonas vitivinícolas más bonitas en el mundo. Estas tierras tan imponentes y encantadoras son, al mismo tiempo, un terreno arduo que ha exigido mucho de su gente valiente. Los vinos, cada uno con su perfil y carácter, representan a la perfección este contraste entre furia y fragilidad.

¿Os venís?

Bottle Hunters Priorat

Priorato, o en su catalán nativo Priorat, se trata de una zona vitivinícola reconocida en lo más alto de la pirámide de la clasificación de calidad de los vinos en España al ser una denominación de origen calificada, o sencillamente DOCa

Hasta el momento, a ese nivel de clasificación, solo ha llegado una región más: la Rioja DOCa. El territorio vitivinícola de la DOCa Priorat es parte de un área mucho más amplia dentro de las delimitaciones administrativas de la Comarca del Priorat, que a su vez está ubicada en la provincia de Tarragona.

El origen del nombre Priorat surge una vez diseñadas las líneas territoriales de la comarca, y se da a reconocer la importancia histórica del antiguo monasterio (o priorato) cartujano de Escaladei (o Cartoixa d’Scala Dei) que se encuentra dentro de sus límites.

De todos modos, no hay cómo empezar una conversación sobre los vinos del Priorat sin transportarnos a través de los siglos de cultura vitivinícola en la región. Ese pasado se debe a los monjes cartujos, que “importaron” desde la Provenza (en el sureste de Francia) las técnicas, métodos y conocimientos de la viticultura, la cual propagaron por el territorio de dominio del monasterio, que justamente al día de hoy coincide con los límites de la DOCa Priorat.

Así que, desde la llegada de los cartujos a ese contemplativo territorio en el siglo XII, la región es considerada la cuna de los vinos españoles en la era cristiana. No es casualidad que muchos expertos y profesionales del vino en el mundo se refieran al Priorat como un vino místico.

A pesar de que la región ocupa un área relativamente “pequeña” comparada con otras regiones vitivinícolas, estamos hablando de una zona que abarca algo más de unos 600 viticultores dispersos en casi 18 mil hectáreas, de las cuales menos de 2 mil están involucradas en la actividad vitícola.

Hay que considerar también la extensión de la DOCa Priorat, la cual comprende 10 municipios: Bellmunt del Priorat, El Lloar, Gratallops, Escaladei (dónde está ubicado el monasterio), La Morera de Montsant, Poboleda, Porrera, Torroja del Priorat, Vilella Alta y finalmente, Vilella Baixa. Además de “invadir” el territorio norte de Falset (Masos de Falset) y el este de El Molar (Solanes del Molar)… tened en cuenta que en la época de los monjes no existían las fronteras administrativas que conocemos hoy.

De todos modos, el factor que más se destaca al hablar del Priorat es su particular terruño (el conjunto de características singulares de una región cómo el clima, suelos, altitud, horas de sol al año, régimen pluviométrico, vientos, variedades plantadas, etc., y por supuesto la mano humana que ha desarrollado la cultura local de vinificación y viticultura).
Suelo Priorat Bottle Hunters

Empezamos por el suelo de la región, el cual está formado básicamente por la llicorella, una pizarra de origen volcánico de distintos matices en su composición cómo la mica y el hierro (dependiendo de la zona). La formación de este tipo de suelo, muy pobre orgánicamente, se da por la compactación de arcilla en altas temperaturas a lo largo de milenios, transformándose en láminas finas que fueron interponiéndose una sobre otra. Además, no se enfrían fácilmente y poseen bajísima absorción haciendo que las viñas literalmente sufran en busca de agua y nutrientes en las camadas más bajas del suelo. De ahí viene el perfil mineral tan característico de los vinos de esa zona. Importante destacar también que en algunas zonas la llicorella tiene papel secundario o casi nulo, surgiendo como principal influencia los suelos arcillosos y gneis, por ejemplo.

Pese su proximidad al mediterráneo, su clima es de carácter continental: largos, súper secos y cálidos veranos, por otro lado, se suceden por inviernos que alcanzan temperaturas bajo-cero. Además, la zona presenta una brutal amplitud térmica entre día y noche.

Por si no fueran suficientes estos extremos, al tratarse de una zona montañosa muestra contrastes bien definidos entre sus viñas plantadas en los valles a 100m de altitud y las que están en las partes altas, a 700 metros, las cuales sufren el impacto directo del Mistral (viento frío y seco del noroeste), así como otros vientos cálidos que llegan desde el este. Para los estándares de Mediterráneo, 700m ya es bastante alto.

Nos adentramos un poco en este paisaje tan singular donde la naturaleza en connivencia con el hombre se les acusa sus rasgos de personalidad. Desde sus pavorosas laderas, que de tan escarpadas desafían el coraje y la resignación de su gente, poder contemplarlo ni que sea por unos instantes emociona y se nos pone la piel de gallina… ¿Os imagináis la fascinación que sintieron los monjes cuando llegaron aquí siglos atrás?

Todo este escenario, ha dado lugar a que los viticultores buscasen una solución a la altura de su propia osadía, obligándolos a construir terrazas para facilitar el trabajo en las viñas. Mecanización, ni pensarlo; trabajo con mulas o caballos… humm, dependiendo de la parcela se podría permitirse tal “lujo”.

Lo curioso que pudimos constatar en nuestras visitas es que hoy en día algunos productores van justo a lo contrario, dando un giro hacia el pasado. Se están plantando nuevas viñas y recuperando viñedos en los costers (cuestas), el formato tradicional. Por nosotros, genial que sigan así, pues ese sistema es menos invasivo y respeta más el paisaje natural.

En la DOCa Priorat predominan los tintos, no tenemos datos oficiales, pero estimamos algo más de un 95% de toda producción. Aquí podemos hacer algunos paralelos con nuestra pasada aventura por la Sierra de Gredos, pues la Garnacha Tinta otra vez brilla por aquí, pero se divide su reinado con la Cariñena (Mazuelo/a como es llamada en la Rioja) donde en algunas zonas es la soberana. También están permitidas en menor proporción en los blends la Tempranillo y la Garnacha Peluda, además de las foráneas como la Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir, Merlot, Syrah y la Picapoll Negre.

Ya del lado de las Blancas están autorizadas la Garnacha Blanca, Macabeo (o Viura), Pedro Ximénez y Blanquilla (también conocida como Merseguera o Verdesilla), aparte a las extranjeras Chenin Blanc, Moscatel de Alejandría, Moscatel de Grano Menudo, Picapoll Blanc y la Viognier.

Adentramos en nuestro viaje:  

DÍA 1

Nuestra segunda aventura empieza despertando casi de madrugada… Al final no pain, no gain - ya sabes. Pues, así es la vida de vigneron, palabra de origen francesa que define el viticultor que elabora su propio vino, con sus propios recursos y casi siempre de manera artesana. Desde la villa de Gratallops ya nos esperaba Jaume Balaguer del Celler Balaguer i Cabré.

Bajo su lema “un viñedo, una variedad, un vino” buscan la máxima expresividad de lo que puede generar la tierra de la que tanto se enorgullecen. Además, la bodega es de las poquísimas, si no la única, que produce solamente vinos monovarietales de Garnacha Tinta, 4 en total (a los pocos preparan una quinta referencia 100% Garnacha Blanca, el bebé de la bodega).

Viñedos Balaguer i Cabret

Al visitar uno de sus viñedos (La Guinardera), hemos podido verificar en persona los perjuicios de una ola de mildiu, una enfermedad causada por un hongo parásito que puede afectar a todos los órganos verdes de la viña, y que ha atacado prácticamente a toda España este año (hemos oído y constatado eso también en otras zonas vinícolas). Menos mal que para algunos productores las pérdidas no fueron tan impactantes, como en el caso de Jaume.

De ahí a la bodega, una pequeña y secular construcción en la villa de Gratallops donde salen entre 7 a 8 mil botellas. Jaume es de la tercera generación de dos familias que siguen manteniendo la tradición vitivinícola más arraigada del Priorat. En total posee unas 8ha junto con su socio, patriarca de la familia y el comandante de las labores en las viñas.

Hemos podido probar sus 4 vinos, directo de la barrica, y también todos de la botella ya listos para salida al mercado. Nos ha sorprendido lo que un productor con talento, pasión y dedicación consigue con una única variedad de uva, y cómo, utilizando los mismos recursos técnicos, llega a elaborar 4 vinos completamente distintos entre sí y a la vez con una identidad única. Los hunters aquí se llevaron para casa una lección de terroir y una reafirmación: somos de verdad L-O-C-O-S por la Garnacha.

 

Con Jaume Balaguer visitando el viñedo La Guinardera y después probandolo de la barrica.

 

Salimos de Gratallops hacia la villa de Porrera, donde nos encontramos con los propietarios de Marco Abella: Olívia Bayés y David Marco. Una realidad completamente opuesta a la anterior, ya que hablando de Porrera en sí, la variedad más típica es la Cariñena. Además, David y Olivia poseen parcelas de Garnacha Tinta (por supuesto), Cabernet Sauvignon, Merlot, y de las blancas Garnacha Blanca, Macabeo, Pedro Ximénez, Picapoll Blanc y Viognier. Eso todo disperso en 39 ha de viñedos, de distintas orientaciones y repartidos entre 6 parcelas. Parte de las viñas es herencia de familia, y otras compradas a partir del 2005 cuando se construye la bodega actual y coincidiendo con la decisión de la emprendedora pareja de dejar sus respectivos trabajos para dedicarse a la pasión por los vinos (¡nosotros entendemos muy bien como va eso!).

Producen cerca de unas 50 mil botellas/año en una bodega pensada para elaboraciones utilizando la gravedad, donde, debido a su profundidad bajo el suelo, es posible mantener humedad y temperatura de manera natural. Están presentes en la vinificación solamente levaduras autóctonas y la utilización de diferentes materiales en el proceso y en crianza dependiendo del vino y la añada, tales como tinos de madera, hormigón, acero inoxidable y barricas de 225 litros. El manejo de las vides es totalmente ecológico.

Todos a bordo de su todo-terreno, fuimos a lo alto, donde hemos podido obtener unas vistas I-N-C-R-E-Í-B-L-E-S desde una de sus parcelas: “El Perer”, donde están plantadas Cariñena, Garnacha y Cabernet Sauvignon a 550 metros. De ahí a abrir botellas… hicimos la cata de los vinos, en un sencillo, pero perfecto espacio entre las viñas. Mientras ellos nos explicaban las diferencias de suelos, orientaciones y elaboraciones de cada uno de sus vinos, nosotros disfrutamos del paisaje con una sensación de… joooder, eso no se puede llamar trabajo. En fin, de esas experiencias únicas que el vino te propicia.

Terminada la cata, esperábamos que nos llevasen de vuelta a la bodega, nuestro punto de encuentro, pero no… Ellos todavía tenían una sorpresa más. Después de mucho trote en el todo-terreno, hacía aún más arriba, como si estuviéramos en una montaña rusa, llegamos a la joya de la corona… casi a 700m (quizá los puntos más altos de viñedos en todo Priorat) nos dieron a conocer la parcela Terracuques, plantada con Cariñena y Garnacha en el 1901 en una ladera súper inclinada. Estamos hablando de un viñedo de la era Phylloxera (la plaga que prácticamente devastó los viñedos en toda Europa a finales del siglo XIX y que tardó casi 50 años en erradicarse). Posiblemente al bichito de la Phylloxera no le iba bien un terruño tan hostil… pero, bueno eso ya es tema para otro momento.

 

Catando los vinos de Marco Abella con David y Olívia en una vista espectacular.

DÍA 2

Transcurriendo por el eterno zigzag de la carretera que une cada una de las villas del Priorat (seguramente una de las más bellas en zonas vitícolas que uno pueda recorrer), nos hemos perdido un par de veces hasta por fin encontrar la entrada (con retraso de media hora) de la bodega Familia Nin-Ortiz. Después de unos 5 minutos disculpándonos con Carles Ortiz (socio y marido de Ester Nin, la otra mitad de la naranja), pasamos a lo que sería un día de masterclass sobre biodinamismo, cristalizaciones sensibles, vinos naturales y certificaciones.

Esto es lo que se podría llamar el bodega-matrimonio perfecto: Carles, un viticultor que hacía años vendía sus uvas con certificación orgánica dada su orientación a lo sano y lo natural, veía que su producto se merecía un destino más noble. Ester, enóloga en Clos i Terrasses, y que desde 2003 ya elaboraba un vino propio según principios biodinámicos. Hoy ambos gestionan (junto con su hijo) alrededor de unas 18 ha, 100% bajo métodos biodinámicos, produciendo alrededor de 28 mil botellas.

Bottle Hunters Nin-Ortiz

Carles nos transporta a su manera de encarar el mundo: un ciclo orgánico entre tierra, microorganismos y ser humano… y nos explica que solamente un suelo vivo es capaz de producir frutos verdaderamente sanos donde las levaduras naturales presentes en el ambiente (viñedo y bodega) puedan estar en armonía y trabajar de forma espontánea. ¿El papel humano en esa cadena? No molestar a la naturaleza, o mejor, facilitar que el ciclo fluya de la manera menos invasiva posible. En su visión, los vinos corregidos, sean en el viñedo o en la bodega, son un producto sin alma. De ahí uno ya se puede imaginar qué esperar de sus vinos.

Hemos probado prácticamente toda la gama de la bodega y lo que se nota claramente es un perfil equilibrado entre estructura, complejidad y frescor. De hecho, sus viñas están localizadas donde la llicorella encuentra la arcilla, de ahí se explica su carácter.

Entre los conceptos que forman parte de su filosofía están la selección de las bayas una a una, fermentación con raspón tipo semicarbónica 30% uvas pisadas y 70% racimo entero (ya hemos hablado de esa técnica en la edición pasada, en Gredos), uso de fudres grandes de madera usada y ánforas.

En lo que implica al tema legislación y certificaciones, Nin-Ortiz son extremadamente fieles a sus principios y encontraron legitimidad en la Renaissance des Appellations, grupo criado en 2001 por el “papa” de la viticultura biodinámica Nicolas Joly. La entidad cuenta con solamente 175 viticultores en 13 países (apenas 9 productores en España), y establece criterios estrictos de la biodinámica a sus asociados. El cuerpo técnico está formado únicamente por productores que siguen los mismos principios, los cuales a su vez son los responsables de acreditar y conferir el sello de certificación a sus asociados.

Salimos de ahí con el cerebro echando humo tras más de 4 horas de visita (la más larga que hicimos hasta el momento) pero con unas ganas de quedarnos ahí el día entero, escuchando más y más. Una verdadera lección impartida por el profesor Carles Ortiz.

 

Las anforas de la bodega Familia Nin-Ortiz

 

Si empezamos el día con retrasos, después de todo eso, seguimos para la próxima visita aún más demorados… Un poco más y nos llamarán los Late Hunters, ya veréis.

La comida de ese día: apenas tuvimos tiempo para tomarnos un fuet con un pan tostado y gaseosa. La tía de la única tasca que encontramos abierta aún fue simpática y nos dejó un cuchillo para poder repartirnos el fuet.

 

 El mejor fuet de nuestras vidas

 

Llegamos a Vilella Baixa para la segunda y última visita del día. Seguro que ya había perdido la esperanza de que llegáramos (se nos cortaba la señal del móvil todo el rato y no pudimos comunicar nuestro retraso), pero ahí estaba Sergi Siuraneta, enólogo y socio de Anna Molina, los responsables de la micro bodega Els Vil·lusionistes. Por culpa de nuestra tardanza, nuestra visita aquí fue bastante rápida y objetiva.

Sergi y Anna gestionan de manera sostenible y ecológica viñedos de hasta 70 años de las variedades Cariñena, Garnacha Tinta, Garnacha Blanca y Macabeu, dispersas alrededor del municipio de Vilella Baixa, la que Josep Maria Espinàs llamó la “Nueva York del Priorat” debido a la altura de sus viviendas comparado con los otros pueblos. Para las elaboraciones cuentan con unas 4 tinajas de arcilla y dos tanques de acero inoxidable.

Se trata de un celler del tamaño de un garaje, pero de ahí salen verdaderas joyas que nos confirman el dicho que en los pequeños frascos están los mejores perfumes. Sergi nos ha descorchado todos los vinos que producen (no llegan a 10 mil botellas/año), repartidos en 5 referencias: 4 tintos, siendo 2 elaborados al 100% en las ánforas y 1 blanco estilo orange wine (ya hemos hablado de ese estilo de vino en un post en IG) hecho con Macabeo y Garnacha Blanca.

Su filosofía: producir de manera artesana vinos desnudos y sin correcciones, que les gusten primero a ellos mismos, pues seguro que por ahí hay gente que posiblemente se identifique y también les guste… pues, ¡bingo! nos han pillado.

DÍA 3

Un día más en el paraíso: empezamos en Gratallops con Marc Ripoll Sans, que nos ha recibido en su pequeño y encantador celler Cal Batllet. A causa de su agenda apretada y el rollo covid, nos bajamos directamente a la pequeña cave en el piso inferior para catar los vinos y entender la forma de trabajar de Marc.

Nos explica que viene produciendo vinos desde el año 2000, cultivando y recuperando unas 10 ha de viñas viejas seculares, y que, en el 2009, con un cambio en la legislación de la DOCa Priorat, pudieron elevar todas sus referencias al nivel “Vi de Vila” (Vino de Pago). Es decir, que todos sus vinos proceden de viñedos propios (se excluyen la compra de uvas de terceros) y están ubicados cada uno dentro de los límites municipales al cual pertenecen (en este nivel de calificación está prohibido mezclar uvas de distintas zonas), en su caso 4 vinos procedentes de Gratallops y 1 de Torroja.

Acordaos de que en el post anterior hemos comentado que en Gredos se está intentando implementar algo similar, espejo al modelo Borgoña.

En la cata queda evidente el perfil potente, profundo y estructurado de toda la gama, ya sean sus 100% Cariñena de Torroja (Ronçavall) o de Gratallops (5 Partides) o los blends que pueden llevar Garnacha Tinta, Cariñena, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah. Pero la gran sorpresa fue cuando Marc nos presentó un blanco 100% de una variedad casi extinta llamada Escanya-Vella, traducción literal: Atraganta-Vieja. Fuimos a investigar de qué se trataba y puede que sea la tal Blanquilla (Merseguera o Verdecilla), una casta no-aromática pero que resulta un vino de buena estructura, cítrico y elegante, una raridad bien al estilo Bottle Hunters.

 

Queríamos llevar la botella, pero Marc es muy celoso. La simpatica sala de barricas.

 

Saliendo de Cal Batllet (vaya, si pudimos comer ese día), y ya que estábamos en un entorno con otros atractivos ligados al vino, aprovechamos para darnos un paseo por la Cartoixa de Scala Dei (vale mucho la pena) y conocer L'Ermita de la Mare de Déu de la Consolació, una construcción Románica (cerrada al público), pero que desde ahí se pueden contemplar unas vistas espectaculares como la sierra de Montsant y el mítico viñedo de Álvaro Palacios, donde se cultivan las uvas de uno de los vinos más caros de España.

DÍA 4

Nuestra segunda aventura terminó en Reptilian Brewery, una cervecera artesana de Sant Vicenç de Calders, Tarragona, muy cerquita de la zona del Priorat. 

Su eslogan lo deja claro: “Extreme Beer for Extreme People”. Valientes y auténticos. Además, solamente usan ingredientes naturales y procedimientos rudimentarios y respetuosos.

Isaac Beltran, cervecero y fundador, nos recibió en la preciosa masía del siglo XVIII donde está ubicada la fábrica. Pero, obviamente, aquí no empezó la cosa. Allá en el 2004, Reptilian nació en el garaje de su casa, elaborando cervezas para los amigos… poco a poco la demanda fue creciendo y consiguieron hacer de su pasión, su oficio. 

Durante nuestra visita, entre muchas otras referencias que producen ellos, pudimos conocer cuatro cervezas increíbles: la Gecko Hyde (New England IPA), la Jungle Discipline (Fruited NEIPA), la Ibuprofano (Double IPA) y la Petrodeath (Baltic Porter). Todas ellas, como bien reza su eslogan, birras hechas para los más atrevidos. 

Una curiosidad que nos ha sorprendido, es que en Reptilian utilizan en sus elaboraciones, frutas de todo tipo y origen. De Brasil, viene algunas de las inspiraciones creativas, con sus frutos tropicales y llenos de carácter. Lo curioso es que Renata, la pareja de Óscar, el socio de Isaac, también es brasileña… ¡como nosotros! ¡Qué pequeño es el mundo!

Otra cosa que nos encantó es su apuesta por las buenas cervezas sin gluten: tienen una Witbier, una Imperial Sour Stout de 7,5% y una Imperial Stout de 8%, algo que realmente no es común en el mundo cervecero.

 

Midiendo la distancia minima para la foto =)

 

Si quieres saber más sobre estos lugares y sabores, hazte socio del club y recibirás todos los detalles de los vinos seleccionados con informaciones específicas del origen de los viñedos, método de producción, perfil sensorial, notas de cata, maridaje, etc. ¡Y lo mismo con las birras, claro!  

Muchísimas gracias a todos los productores que nos han abierto las puertas de su casa y nos han expresado con tanta pasión su amor por lo que hacen: Jaume Balaguer (Celler Balaguer i Cabré), David Marco & Olívia Bayés (Marco Abella), Ester Nin & Carles Ortiz (Familia Nin-Ortiz), Marc Ripoll Sans (Cal Batllet), Anna Molina & Sergi Siuraneta (Els Vil·lusionistes) e Isaac Beltran (Reptilian Brewery).

 

Bottle Hunters

¡Hasta muy pronto!
 
Bottle Hunters
¡La búsqueda es infinita!

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